top of page

NO QUIERO IR A LA UNIVERSIDAD”: CUANDO LOS SUEÑOS DE LOS PADRES NO SON LOS SUEÑOS DE SUS HIJOS

hace 6 días
8 min de lectura

Cómo acompañar a nuestros jóvenes cuando el futuro que imaginamos para ellos no coincide con el que ellos quieren construir

Por Bernardo García

Hay frases que pueden cambiar por completo el ambiente de una casa.

Una de ellas puede aparecer durante una conversación aparentemente normal, cuando un hijo mira a sus padres y dice:

“No quiero ir a la universidad.”

O quizá:

“No quiero estudiar esa carrera.”

“Eso que tú quieres para mí no es lo que yo quiero.”

Y entonces comienza el conflicto.

El padre piensa: “Después de todo lo que he trabajado para darle oportunidades…”

La madre se pregunta: “¿Qué va a ser de su futuro?”

Y el joven, del otro lado de la mesa, probablemente piensa algo completamente diferente:

“¿Por qué nadie me pregunta qué quiero yo?”

Los dos lados pueden estar hablando desde el amor y, aun así, terminar lastimándose.

Porque hay momentos en la vida familiar en los que amar no es suficiente; también tenemos que aprender a escucharnos.

Cuando nuestros hijos comienzan a escribir su propia historia

Desde que nuestros hijos son pequeños comenzamos a imaginar su futuro.

Queremos verlos crecer, estudiar, convertirse en personas independientes, encontrar un buen trabajo y construir una vida estable.

Y eso es natural.

Un padre que se preocupa por la educación de su hijo no necesariamente quiere controlarlo. Muchas veces está intentando protegerlo de dificultades que él mismo conoció.

Quizá ese padre tuvo que abandonar la escuela para trabajar.

Quizá llegó a este país buscando oportunidades.

Quizá trabajó bajo el sol, en el campo, en una fábrica, en una cocina o durante largas jornadas para que sus hijos tuvieran aquello que él nunca tuvo.

Entonces, cuando escucha:

“No quiero estudiar”, no escucha solamente cuatro palabras.

Puede escuchar:

“Voy a desperdiciar todo lo que sacrificaste por mí.”

Pero cuidado.

Porque quizá eso no es lo que nuestro hijo está diciendo.

Tal vez está diciendo:

“No sé qué quiero todavía.”

“Tengo miedo de equivocarme.”

“No me gusta la carrera que escogieron para mí.”

“Quiero trabajar primero.”

“Quiero aprender un oficio.”

“Quiero emprender.”

“Necesito tiempo.”

O simplemente:

“Quiero sentir que esta decisión también es mía.”

Y esa diferencia cambia completamente la conversación.

La adolescencia no solamente es rebeldía: también es construcción de identidad

Durante la adolescencia ocurre algo profundamente importante: nuestros hijos comienzan a preguntarse quiénes son independientemente de nosotros.

La autonomía —aprender progresivamente a elegir, pensar y tomar decisiones propias— es una tarea central del desarrollo adolescente. Una investigación publicada en 2026 encontró que, en el día a día, cuando los adolescentes percibían mayor apoyo de sus padres a sus necesidades y autonomía, también experimentaban mayor sensación de elección y mayor claridad sobre sí mismos; el conflicto, en cambio, se asociaba ese mismo día con menor autonomía percibida. PubMed

Esto no significa que los padres debamos retirarnos y decir:

“Haz lo que quieras.”

Autonomía no significa abandono.

Nuestros hijos todavía necesitan orientación, límites, experiencia, estructura y consecuencias.

La diferencia está entre acompañar una decisión y apropiarnos de ella.

Orientar no es imponer

Existe una frase que como padres deberíamos aprender:

“No estoy de acuerdo contigo, pero quiero entenderte.”

Qué diferente sería comenzar así.

En lugar de:

“Mientras vivas en mi casa vas a hacer lo que yo diga.”

“Vas a estudiar porque yo lo digo.”

“Yo sé lo que te conviene.”

“Con eso que quieres hacer te vas a morir de hambre.”

Podemos preguntar:

“Explícame por qué no quieres ir a la universidad.”

Y después hacer algo que parece sencillo, pero que muchas veces nos cuesta muchísimo:

callarnos y escuchar.

La investigación sobre desarrollo vocacional adolescente ofrece una enseñanza interesante. Un estudio longitudinal con 637 adolescentes encontró que quienes percibían un estilo parental que apoyaba su autonomía mostraban mayores niveles de autonomía y competencia en la exploración profesional y menos indecisión; el control parental, en cambio, podía dificultar ese desarrollo a largo plazo. PubMed

Eso debería hacernos reflexionar.

Porque quizá nuestro objetivo no debería ser conseguir que nuestros hijos obedezcan nuestra decisión, sino prepararlos para que algún día sean capaces de tomar buenas decisiones sin nosotros.

Pero mi hijo dice que no quiere estudiar absolutamente nada

Aquí tenemos que hacer una distinción muy importante.

No es lo mismo decir:

“No quiero universidad porque quiero estudiar electricidad, mecánica, cosmetología, enfermería técnica, programación, construcción, ventas o comenzar un negocio”

que decir:

“No quiero estudiar, no quiero trabajar, no quiero aprender nada y no tengo ningún plan.”

Son conversaciones completamente diferentes.

Como padre, yo puedo respetar que mi hijo no quiera seguir exactamente el camino que imaginé.

Pero también puedo preguntarle:

“Entonces, ¿cuál es tu plan?”

Porque respetar la autonomía de nuestros hijos no significa eliminar la responsabilidad.

Si no quieres universidad, exploremos otras posibilidades.

¿Qué sabes hacer?

¿Qué te interesa?

¿Qué habilidades tienes?

¿Qué necesitas aprender?

¿Cómo piensas mantenerte?

¿Qué tipo de vida quieres tener?

¿Cuánto cuesta esa vida?

¿Qué preparación necesitas para conseguirla?

¿Qué sucederá si tu primera opción no funciona?

Ahora ya no estamos peleando.

Estamos enseñando a pensar.

La universidad es un camino importante, pero no es el único

Tenemos que ser cuidadosos con un mensaje que durante generaciones hemos repetido:

“Si no vas a la universidad, vas a fracasar.”

No necesariamente.

Una educación universitaria puede abrir oportunidades extraordinarias y, para determinadas profesiones, es indispensable.

Pero existen también carreras técnicas, oficios especializados, certificaciones profesionales, emprendimiento, capacitación laboral y otras rutas legítimas hacia una vida productiva.

El problema no debería ser únicamente:

“¿Universidad sí o universidad no?”

La pregunta más profunda debería ser:

“¿Cómo vas a prepararte para construir tu futuro?”

Porque elegir un camino diferente también exige disciplina.

¿Y si mi hijo sí quiere universidad, pero no la carrera que yo quiero?

Este conflicto es todavía más frecuente.

Papá quiere un abogado.

Mamá quiere una doctora.

El hijo quiere estudiar música.

La hija quiere diseño.

Y comienza la batalla.

A veces los padres pensamos que estamos ayudando porque conocemos mejor la vida.

Y tenemos experiencia, por supuesto.

Pero debemos preguntarnos con sinceridad:

¿Estoy aconsejando a mi hijo o estoy intentando vivir a través de él una vida que yo hubiera querido tener?

La investigación sobre decisiones profesionales muestra que la participación y el apoyo de los padres pueden ser valiosos, mientras que la interferencia excesiva puede relacionarse con menor autonomía y menor confianza del joven en su capacidad para tomar decisiones sobre su carrera. PubMed

Otro estudio sobre overparenting —una participación parental excesivamente controladora— encontró asociaciones con mayor presión por las expectativas profesionales, menor confianza para decidir y mayor indecisión vocacional en estudiantes universitarios. PubMed Central (PMC)

Incluso un estudio publicado en 2026 encontró una asociación entre mayores expectativas profesionales parentales y mayor ansiedad relacionada con el empleo en estudiantes universitarios de la muestra estudiada. PubMed

No significa que tener expectativas para nuestros hijos sea malo.

Significa que debemos aprender cómo comunicar esas expectativas.

“Yo solamente quiero lo mejor para ti”

¿Cuántos padres hemos pronunciado esas palabras?

Y generalmente son ciertas.

Pero hay una pregunta que debemos agregar:

¿Lo mejor según quién?

Porque llegará un momento en que nuestros hijos tendrán que vivir con las consecuencias de sus propias elecciones.

Nosotros podemos advertir.

Podemos compartir nuestra experiencia.

Podemos hablarles sobre dinero, estabilidad, preparación y responsabilidad.

Podemos decir:

“Hijo, me preocupa esa decisión y quiero explicarte por qué.”

Eso es muy diferente a:

“Si haces eso, me vas a decepcionar.”

Una conversación transmite preocupación.

La otra puede transmitir culpa.

Entonces, ¿hasta dónde debe llegar la autoridad de los padres?

Esta es probablemente una de las preguntas más difíciles.

Los adolescentes necesitan autonomía, pero también necesitan padres.

Y mientras son menores de edad existen decisiones relacionadas con su seguridad, educación, salud y bienestar en las que los padres mantienen responsabilidades importantes.

Pero conforme nuestros hijos maduran, también tenemos que enseñarles gradualmente a decidir.

Estudios sobre las relaciones entre padres y adolescentes han descrito precisamente esa transición progresiva hacia una mayor autonomía en las decisiones cotidianas. PubMed Central (PMC)

No podemos pretender decidir absolutamente todo por ellos hasta los 18 años y al día siguiente decir:

“Ahora eres adulto. Decide bien.”

Tomar decisiones también se aprende practicando.

Y algunas veces practicando significa equivocarse.

El miedo de los padres también necesita ser escuchado

Hasta ahora hemos hablado mucho de los jóvenes.

Pero quiero hablar también con los padres.

Porque detrás del control muchas veces existe miedo.

Miedo a que nuestro hijo fracase.

Miedo a que desperdicie oportunidades.

Miedo a que sufra.

Miedo a que dentro de diez años nos diga:

“¿Por qué no me obligaste?”

Y ese miedo es comprensible.

Ser padre significa querer proteger a una persona que, tarde o temprano, tendrá que salir al mundo sin que podamos caminar siempre delante de ella.

Por eso debemos transformar ese miedo en algo útil.

En vez de controlar:

orientar.

En vez de amenazar:

preguntar.

En vez de ridiculizar sus sueños:

investigarlos juntos.

En vez de resolverles todo:

enseñarles a resolver.

Y en vez de decir:

“Yo voy a decidir por ti.”

Decir:

“Quiero ayudarte a que aprendas a decidir.”

Y también quiero hablarle al joven que está leyendo esto

Tus padres pueden equivocarse.

Pueden tener ideas diferentes a las tuyas.

Pueden presionarte porque tienen miedo.

Pero tampoco confundas independencia con irresponsabilidad.

Decir:

“Es mi vida”

es válido.

Pero entonces comienza otra pregunta:

¿qué estás haciendo con ella?

Si quieres que tus padres confíen en tus decisiones, empieza a demostrar que estás dispuesto a asumir responsabilidad por ellas.

Investiga.

Prepárate.

Haz un plan.

Escucha consejos aunque finalmente no sigas todos.

Aprende sobre dinero.

Conoce el mercado laboral.

Explora tus habilidades.

Pregunta a personas que trabajan en aquello que te interesa.

Y acepta algo muy importante:

la libertad de elegir también incluye la responsabilidad de enfrentar las consecuencias de lo elegido.

Madurar no consiste en hacer siempre lo contrario a nuestros padres.

Madurar consiste en aprender a escuchar diferentes voces y después construir responsablemente la nuestra.

Cuando ya no pueden hablar sin pelear

Hay familias en las que esta conversación dejó de ser sobre universidad.

Ahora todo termina en gritos.

El joven se encierra.

Los padres amenazan.

Aparecen palabras dolorosas.

“Eres un flojo.”

“Me decepcionaste.”

“Ustedes nunca me entienden.”

“Me quiero ir de esta casa.”

Y poco a poco una decisión sobre estudios comienza a convertirse en una ruptura emocional entre padres e hijos.

Cuando llegamos ahí, quizá necesitamos reconocer algo:

ya no estamos resolviendo el problema; estamos lastimando la relación.

Buscar orientación profesional no significa que una familia haya fracasado.

En ocasiones necesitamos una persona neutral que ayude a ordenar la conversación, identificar lo que cada uno está intentando expresar y desarrollar nuevas herramientas de comunicación.

En Wellness Center By Dr. Bernardo, trabajamos con familias, padres y jóvenes que atraviesan conflictos de comunicación, decisiones importantes, cambios emocionales y etapas en las que parece difícil entenderse.

Porque algunas veces el joven necesita comprender el miedo de sus padres.

Y algunas veces los padres necesitan comprender la necesidad de autonomía de su hijo.

Ambos necesitan sentirse escuchados.

Una pregunta que puede cambiar la conversación

La próxima vez que tu hijo te diga:

“No quiero estudiar.”

No respondas inmediatamente.

Respira.

Y pregúntale:

“¿Qué quieres hacer con tu vida?”

Después escucha.

Quizá todavía no tenga respuesta.

Está bien.

Entonces pueden comenzar a buscarla juntos.

Pregúntale qué le apasiona.

Qué se imagina haciendo.

Qué definitivamente no quiere.

Qué habilidades reconoce en sí mismo.

Qué opciones conoce.

Qué necesita investigar.

Después comparte tus preocupaciones.

No desde:

“Yo mando.”

Sino desde:

“Te amo y hay cosas que por mi experiencia necesito que consideres.”

Tal vez no salgan de esa conversación con una carrera elegida.

Pero podrían salir con algo todavía más importante:

la certeza de que pueden hablar sin destruirse.

Nuestros hijos no vinieron a cumplir nuestros sueños

Creo que uno de los actos más difíciles del amor de un padre consiste en comprender que nuestros hijos no nos pertenecen.

Los formamos.

Los cuidamos.

Los educamos.

Los orientamos.

Les transmitimos nuestros valores.

Intentamos darles herramientas.

Pero llegará el día en que tendrán que caminar.

Y entonces descubriremos si realmente los preparamos para seguir nuestras instrucciones o si los preparamos para pensar, decidir, levantarse y hacerse responsables de su propia vida.

Yo quiero que mis hijos escuchen mis consejos.

Quiero que conozcan mi experiencia.

Quiero advertirles cuando veo un peligro.

Pero también quiero que algún día puedan mirarse al espejo y reconocer que la vida que construyeron les pertenece.

Porque quizá nuestra mayor responsabilidad como padres no sea elegirles el camino.

Quizá sea caminar a su lado durante suficiente tiempo para enseñarles a elegir uno.

Y cuando finalmente lo encuentren, aunque no sea exactamente el camino que nosotros habíamos imaginado, tener la sabiduría para decir:

“Ahora hazlo bien. Da lo mejor de ti. Sé responsable. Y recuerda que aquí estoy.”

Eso también es educar.

Eso también es amar.

Y eso también es aprender a dejar crecer.

Bernardo García

 
 
 

Comentarios


bottom of page